Los jardines, umbríos y frondosos, son del siglo XIX, conservando
la original traza conventual y el estilo romántico de la época de su
diseño. Las camelias, setos de boj y magnolios destacan entre las
más de 100 especies vegetales distribuidas entre los jardines y el
bosque del Pazo.

El claustro esconde la más relevante pieza de la jardinería
geométrica española, desde el punto de vista religioso y la más
valiosa joya del Pazo. Tallada en boj, esta obra de arte que
destaca tanto por su simbolismo como por su longevidad (cuatro
siglos), es perfilada dos veces al año por el jardinero, permitiendo
aún distinguir una parte de los dibujos alegóricos, pero quedando
otros ocultos, quizás para siempre, en enigmática composición.